Cómo funcionan los negocios que funcionan.
La mayoría se lía sola.
No porque sea tonta.
Porque intenta hacerlo demasiado bien.
Más opciones.
Más herramientas.
Más “por si acaso”.
Y claro, cuanto más añades, menos avanzas.
Lo ves todo el rato.
Personas inteligentes bloqueadas por exceso de posibilidades.
No saben por dónde empezar porque quieren empezar por todo.
Y eso no es ambición.
Es dispersión.
Los negocios que funcionan no son brillantes.
Son aburridos.
Hacen pocas cosas.
Las repiten.
Y no se salen del carril cada semana.
No cambian de idea porque alguien haya publicado algo nuevo.
No rehacen todo porque hoy no apetezca.
Ejecutan.
Aunque sea feo.
Aunque no sea óptimo.
Especialmente cuando no es óptimo.
Ahí es donde se separa la gente que monta algo de la que solo piensa en montarlo.
Menos decisiones.
Menos giros.
Menos ruido.
Más continuidad.
Miércoles normal.
Semana normal.
Trabajo normal.
Y aun así, avanzar.
Ahí abajo.
Libertad, y luego todo lo demás.

