Más vale pedir perdón que pedir permiso.
Sigues vendiendo como si esto fuera un proyecto secundario.
Como si tuvieras que pedir permiso.
Como si explicaras de más para que nadie se moleste.
Y claro… así no decide nadie.
Porque cuando alguien te lee y nota que tú mismo dudas, piensa:
“bueno, ya lo miraré”.
Y no lo mira.
El problema no es que no sepas vender.
El problema es cómo estás planteando el negocio.
Porque si tu modelo es un lío, si dependes de mil cosas, si cada venta es un drama distinto… normal que vendas con la mano floja.
No puedes hablar claro si por detrás no hay nada sólido.
En cambio, cuándo tienes algo simple detrás, dejas de explicar tanto.
Dices lo que haces.
Y punto.
Está abajo:
Libertad, y luego todo lo demás.

