Necesitas dejar de ser imprescindible.
Todo pasa por ti.
Las decisiones.
Los clientes.
Los cobros.
Los marrones.
Si no estás, tu negocio no avanza.
Si paras, se para todo.
Y claro, eso al principio parece normal. Incluso lógico.
“Es mi negocio”.
“Lo tengo que controlar yo”.
“Ya delegaré más adelante”.
El problema es que ese “más adelante” nunca llega.
Porque cuanto mejor te va, más cosas pasan por ti.
Y cuanto más cosas pasan por ti,
menos margen tienes para pensar, para decidir con calma, para construir algo que no dependa de tu energía de ese día.
No estás agotado por trabajar mucho.
Estás agotado por ser el cuello de botella.
Por tener que estar en todo.
Por no poder soltar nada sin que se desmonte.
Eso no es libertad ni es nada.
En todo caso, es autoempleo con estrés premium.
Por eso afirmo tajantemente que un negocio LIBRE de verdad no es el que más factura.
Es el que sigue funcionando aunque tú no estés encima todo el rato.
Y eso no se arregla trabajando más.
Se arregla quitándote de en medio de lo que no deberías estar haciendo.
Y cuando eso existe, respiras.
Y curiosamente, el negocio también.
Está abajo.
Libertad, y luego todo lo demás.

