Por esto hay tanta gente “formada” y tan poca gente libre.
La mayoría no soporta la incertidumbre.
Por eso busca refugio.
Un sueldo.
Un jefe.
Un horario.
Un marco que le diga qué hacer y cuándo hacerlo.
Luego lo llama “estabilidad”.
No lo es hombre, como va a ser eso.
Es miedo bien organizado.
La prueba es sencilla.
Pon a una persona sola, sin instrucciones claras, con la responsabilidad de decidir por sí misma y observa cuánto tarda en sabotearse.
Días.
A veces horas.
Empieza a dudar.
A tocar cosas que no debería tocar.
A añadir ruido para no enfrentarse a lo único que importa.
Decidir.
Por eso hay tanta gente “formada” y tan poca gente libre.
No fallan por falta de capacidad.
Fallan porque no toleran el vacío que hay entre decidir y ver resultados.
Ese espacio mata.
Ahí no hay likes.
No hay feedback.
No hay nadie diciendo “vas bien”.
Solo estás tú y lo que has decidido construir.
La mayoría no aguanta eso.
Prefiere una jaula conocida a un terreno abierto donde equivocarse es posible.
Por eso hace falta algo más que ganas.
Hace falta una estructura que no te deje improvisar cada vez que aparece la duda.
Algo que reduzca opciones. Que te obligue a decidir pocas cosas y a sostenerlas el tiempo suficiente.
Es estructura para gente que ya sabe que nadie va a venir a rescatarla.
Si necesitas seguridad externa, no entres.
Si necesitas permiso, tampoco.
Pero si sabes que el problema nunca fue tu capacidad sino tu tolerancia a estar solo con tus decisiones…
Ahí abajo lo tienes, mira:
Libertad, y luego todo lo demás.

