Se acabó la teoría.
Hay una trampa muy fina en la que cae gente lista.
No me refiero a la pereza.
Ni a la falta de ambición.
Me refiero al exceso de teoría.
Leer un poco más.
Escuchar otro podcast más.
Guardar otro hilo “para luego”.
Y sentir, durante un rato, que estás avanzando.
Lo siento pero no.
No avanzas una mierda.
Lo único que haces es aplazar.
Porque aprender es cómodo. No te expone. No te obliga a decidir nada.
Nadie te puede decir que lo has hecho mal si todavía estás “preparándote”.
Y así pasan los meses. Con la cabeza llena. Con la agenda igual.
Con el negocio en pausa.
El problema no es que no sepas qué hacer. Eso ya lo sabes.
El problema es que sigues actuando como si te faltara una pieza más antes de empezar.
Y no te falta.
Te sobra información y te falta acción.
Insisto:
Te sobra información y te falta acción.
Tatúate esto donde más te duela porque es la clave de la libertad.
Si lo piensas tiene todo el sentido del mundo.
Tomar una decisión que cierre puertas.
Que descarte opciones.
Que te obligue a ejecutar aunque no sea óptimo.
Consumir no duele.
Decidir sí.
Por eso uno parece progreso y lo otro da vértigo.
Pero si miras con honestidad, todo lo importante que has construido en tu vida no vino de aprender más.
Vino de hacer algo cuando ya sabías suficiente y aun así dudabas.
Ahí abajo no hay más teoría.
Libertad, y luego todo lo demás.

